La ley de Metcalfe dice que el valor de un sistema de información o de una comunidad de Internet se incrementa exponencialmente según el número de nodos/usuarios conectadas a ella. Esto quiere decir que si por ejemplo la comunidad de una web 2.0 con 1 miembro vale 1€, cuando la misma comunidad tenga 10 usuarios valdrá 100€ (y no 10€).

Hay autores que dicen que este cálculo es exagerado y tienen razón, pero es un ejemplo válido para entender como aumenta el potencial de los sistemas de las comunidades 2.0 en relación a su tamaño.

Muchas bibliotecas 2.0 usan software para crear su propia comunidad de usuarios, con las funciones típicas de cualquier web 2.0 (rankings, opiniones, votaciones…etc) .

Esto está muy bien, pero muchas compañías de software para bibliotecas han copiado el modelo de internet, tratando de crear muchas pequeñas comunidades independientes (una por cada biblioteca) en lugar de una sola gran comunidad.

De esta manera, creo que se desaprovechan muchas ventajas que una comunidad 2.0 creada por las bibliotecas tendría sobre una comunidad creada con capital privado:

  1. Estas comunidades 2.0 se basan en iniciativas privadas que compiten entre sí, las bibliotecas, sin embargo pueden (y deben) colaborar entre ellas.
  2. Las comunidades 2.0 al nacer tienen que invertir muchísimo esfuerzo y dinero en crear una masa crítica de usuarios, mientras que las bibliotecas tendrían acceso a estos usuarios desde el primer día.
  3. Las iniciativas privadas tienen recursos y contactos limitados, mientras que el sector público tiene de los dos en buena cantidad.
  4. El no estar condicionado por los resultados económicos puede favorecer el estar más enfocado en lo que el usuario necesita en lugar de en lo que el usuario necesita y es rentable.

Por contra, el sector privado cuenta con una flexibilidad que no tiene la administración privada, y que es imprescindible en Internet. Probablemente este “contra” sea más importantes que todos los pros anteriores, pero se trata de intentar ir mejorando.

En este sentido ya ha surgido alguna iniciativa interesante como es Librarything, que aunque sea una iniciativa privada, puede ser una buena manera de aprovechar lo mejor de los dos mundos (público y privado).

Seguro que vosotros conocéis alguna más.

No quiero redefinir lo que es una biblioteca 2.0 porque otros ya lo han hecho antes, pero para los que no lo sepan diré que es la que pone al usuario en el centro de su actividad, proporcionándole los nuevos servicios que demanda, desde acceso gratuito a Internet a un trato mejor y más personalizado.

Es una biblioteca evolucionada que quiere dejar de ser un simple depósito de libros para ofrecerle al ciudadano o a la institución para la que trabaja un acceso rápido e integral a las fuentes de información y cultura, para lo que las nuevas tecnologías son indispensables (puede que incluso más que lo libros).

Las bibliotecas han cambiado mucho, sí. Pero los usuarios no.

Según un estudio de la OCLC, la “imagen de marca” de la biblioteca es el libro, es decir, para los ciudadanos biblioteca = libro[pdf] (y punto). Las bibliotecas 2.0 intentan cambiar esta imagen mental, esta imagen de marca. Ahí reside su gran error.

Durante los 90, se daban cursos a usuarios para que aprendieran a manejar el catálogo electrónico. ¿Qué porcentaje de usuarios potenciales recibió esa formación y la aplicó de forma efectiva? Seguramente el porcentaje está muy cerca del 0.

Luego los bibliotecarios se dieron cuenta de que sería mucho más fácil cambiar el catálogo que cambiar a sus usuarios y así lo hicieron (algunos, y no lo suficiente).

Ahora estamos ante el mismo caso. ¿De verdad creen los defensores de la biblioteca 2.0 que van a cambiar la mentalidad de las personas y su visión de la biblioteca?¿Cómo?¿Con otra campaña más para unos ciudadanos bombardeados a diario con miles de ellas?¿Cuánto tardarán en hacerlo, 60 años?

Por mucho que duela, la asociación biblioteca = libro es un pesado lastre para los que intentan hacer de sus centros algo de verdad innovador. Creo que lo mejor que pueden hacer los bibliotecarios 2.0 es dejar el término biblioteca para denominar sólo los servicios relacionados con libros y cambiar su nombre a otro más “vendible” aunque su espíritu de democratizar la información y la cultura sea el mismo.

Lo mismo pienso del problema que tienen los bibliotecarios en cuanto al bajo reconocimiento social de su profesión y todos los problemas que ello acarrea. Lo ideal sería hacer cambiar a la gente el concepto que tienen del bibliotecario pero creo que es más realista simplemente cambiar de título.

Actualmente estoy haciendo un traineeship en la U.E., en un organismo llamado Cedefop (mejorando la usabilidad del catálogo de la biblioteca). Pues bien esta biblioteca ha dejado de llamarse así (Library) y ahora se llama “Information and Documentation Services (Infodoc)”, aunque hace lo mismo y son los mismos, dejando el nombre de Library para las funciones puramente bibliotecarias. Con esto consideran que sortearán mejor la barrera psicológica que dice biblioteca = libro y así implicarse más en la consecución de los objetivos de la institución.

También podéis ver en el who is who de agencia, que en la biblioteca nadie tiene la etiqueta de bibliotecario (son 10 trabajadores). ¿Porqué será?